Una de las cosas que más nos cuestan, por lo menos a las personas acostumbradas a comer cualquier cosa como lo he sido yo toda mi vida, es dar el paso a comer sano.
Harta de mirarme en el espejo y que no me gustara lo que veía, decidí cambiar. Y tantos intentos en vano... Tantas frustraciones... Que al final estás a punto de tirar la toalla.
Hasta que un día te levantas y dices, hoy es el día, hoy tiene que cambiar todo.
En mi caso, lo que me hizo dar cuenta de ello, fue que empecé a trabajar de camarera y cambié de profesión. Pasé de ser dependienta de una tienda a trabajar a tope 10 horas diarias para ganarme un sueldo de 1000€ al mes para vivir mínimamente. Como podéis imaginar, trabajando tantas horas diarias sin parar, hizo que me quedara en los huesos. Muchos días me iba a dormir sin cenar nada de nada porque llevaba tal agotamiento encima que no tenía fuerzas ni para prepararme algo de cenar. Sin embargo, lo que veía en el espejo me gustaba, me veía delgada, me podía poner cualquier cosa porque me sentaba bien. No me veía en los huesos pero estaba bien físicamente y me sentía genial conmigo misma. Debo decir que por aquel entonces me alimentaba fatal, ya que la única comida en condiciones que hacía era la del mediodía y porque tenía que comer allí, así que se puede decir que todos los días comía "de restaurante", pero ya os digo que era la única comida real que hacía al día.
Desde que dejé de trabajar en el sector de la hostelería me ha costado más mantener ese peso, ya que dejé de moverme tanto, y la comida no era la adecuada. Fui sorteándolo hasta que me quedé embarazada y engordé nada más y nada menos que... 23kg! Una barbaridad.
Recuerdo unos días antes de parir, subirme a la báscula y ver el número 85. Ese día me sentí la mujer más horrible del planeta, pero me sentía a la misma vez frustrada por no haber podido conseguir comer como debía en el embarazo.
Ahora que mi bebé ya tiene 5 meses (hoy es su cumplemes) me siento con fuerzas para seguir mi camino hasta llegar a mi objetivo, y por supuesto mantenerme saludablemente y conseguir unos buenos hábitos. No quiero que mi hija crezca con una mala alimentación, así que lo primero que tengo que hacer es cambiar la mía.
Supongo que todos tenemos nuestros momentos de máximo esplendor y nuestros momentos más bajos, se trata de que te mires al espejo y te conciencies, que digas que hasta aquí has llegado y decidas dar el paso hacia una vida más sana.
No os perdáis la siguiente entrada del blog!
Harta de mirarme en el espejo y que no me gustara lo que veía, decidí cambiar. Y tantos intentos en vano... Tantas frustraciones... Que al final estás a punto de tirar la toalla.
Hasta que un día te levantas y dices, hoy es el día, hoy tiene que cambiar todo.
En mi caso, lo que me hizo dar cuenta de ello, fue que empecé a trabajar de camarera y cambié de profesión. Pasé de ser dependienta de una tienda a trabajar a tope 10 horas diarias para ganarme un sueldo de 1000€ al mes para vivir mínimamente. Como podéis imaginar, trabajando tantas horas diarias sin parar, hizo que me quedara en los huesos. Muchos días me iba a dormir sin cenar nada de nada porque llevaba tal agotamiento encima que no tenía fuerzas ni para prepararme algo de cenar. Sin embargo, lo que veía en el espejo me gustaba, me veía delgada, me podía poner cualquier cosa porque me sentaba bien. No me veía en los huesos pero estaba bien físicamente y me sentía genial conmigo misma. Debo decir que por aquel entonces me alimentaba fatal, ya que la única comida en condiciones que hacía era la del mediodía y porque tenía que comer allí, así que se puede decir que todos los días comía "de restaurante", pero ya os digo que era la única comida real que hacía al día.
Desde que dejé de trabajar en el sector de la hostelería me ha costado más mantener ese peso, ya que dejé de moverme tanto, y la comida no era la adecuada. Fui sorteándolo hasta que me quedé embarazada y engordé nada más y nada menos que... 23kg! Una barbaridad.
Recuerdo unos días antes de parir, subirme a la báscula y ver el número 85. Ese día me sentí la mujer más horrible del planeta, pero me sentía a la misma vez frustrada por no haber podido conseguir comer como debía en el embarazo.
Ahora que mi bebé ya tiene 5 meses (hoy es su cumplemes) me siento con fuerzas para seguir mi camino hasta llegar a mi objetivo, y por supuesto mantenerme saludablemente y conseguir unos buenos hábitos. No quiero que mi hija crezca con una mala alimentación, así que lo primero que tengo que hacer es cambiar la mía.
Supongo que todos tenemos nuestros momentos de máximo esplendor y nuestros momentos más bajos, se trata de que te mires al espejo y te conciencies, que digas que hasta aquí has llegado y decidas dar el paso hacia una vida más sana.
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Nos vemos pronto

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